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Jesús para emprendedores II

"...Porque, ¿quién de ustedes, deseando edificar una torre, no se sienta primero y calcula el costo, para ver si tiene lo suficiente para terminarla?..."


Lo más fácil y cómodo es lo más común. Y lo más más común, como abunda, es de poco valor. La mayoría de las personas que conozco son de dos clases: los que son administradores de ingresos y los que son generadores de ingresos. No conozco personalmente a quienes tienen unidas ambas cualidades. Las poco que conozco son extraordinarias, vale la pena pasar tiempo con ellas porque se aprende mucho y son las que hacen historia. Mi pelea personal diaria es para lograr hábitos que me lleven a ser el mejor generador-administrador de ingresos posible, sosteniendo una visión clara y en constante crecimiento. Como emprendedor he sido muy entusiasta y confiado para generar ingresos, pero flojo para administrar sabiamente, planificando, porque eso requiere disciplina y dominio propio, basado en principios, por sobre las emociones.
La planificación escrita es lo que reflejará el nivel de profesionalismo y compromiso con mi proyecto. El compromiso es el puente entre lo que conozco y lo lo que efectivamente haga. Muchas cosas me pueden interesar, pero interés no es compromiso. El mundo presenta muchas cosas "interesantes" que tenderán a desenfocarnos de nuestro proyecto y propósito. Se deberá desarrollar mucho carácter para poder decir en forma permanente y firme que NO a todo aquello que no me edifica ni me acerca a mi propósito. 
Los emprendedores muchas veces nos hallaremos sólos, porque el mundo no sale a aplaudir ni a palmearle la espalda a quienes tienen la valentía de intentar algo distinto, porque nuestro éxito dejaría en evidencia su cobardía y su pereza para haber intentado algo mejor para sus vidas. La gente estancada en la mediocridad trabaja en su apariencia, pero no en sus fundamentos. La apariencia es follaje, no frutos. El temor lleva a ser supersticioso, exagerado y mentiroso, para levantar argumentos para no hacer, para no intentar. La mente empobrecida no quiere emprender porque se acostumbra a la miseria y la extraña, quiere volver permanentemente a ella. 
Entonces, si lo permitimos, podrán aparecer en algún momento imágenes diabólicas en nuestra imaginación, sobre las catastróficas consecuencias de no haber ido a lo "seguro y conocido".
Y esas imágenes suelen ser propiciadas por alguien del círculo intimo, con afecto pero que es tropiezo para nuestros sueños. Lo peor que podemos hacer con esa gente es escucharlos, lo mejor que podemos hacer es contagiarles nuestro entusiasmo y que nos sigan. Lo mejor que podemos hacer por nosotros mismos es juntarnos con gente de fe y visión.


Intimamente todas las personas reconocemos que Jesús nos dice que fuimos hechos para hacer algo especial, pero los emprendedores nos ponemos en acción cuando oímos su voz. Hemos heredado su carácter determinado que no aparta la vista del objetivo.

Vamos tras esa conquista de la promesa escrita para nuestras vidas que es ser cabeza y no cola, sólo estar encima y nunca debajo.


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